El sonido del Silvato de la Muerte

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Literal: (del Consejo nacional para la Cultura y las Artes, México)

Estudio acústica prehispánica
REPRODUCEN SONIDO DEL SILBATO DE LA MUERTE

*** A partir del fragmento de un sonador de viento, hallado por el INAH, el investigador Roberto Velázquez reproduce el sonido de ese instrumento

*** Conocido como silbato de la muerte estaba asociado a las ceremonias mortuorias entre los mexicas y mayas

La arqueología en México comienza a tener sonido. Mediante un análisis científico de los sonadores de viento y generadores de ruido de la época prehispánica se obtuvieron nuevos datos que profundizan sobre su función sonora y se reprodujo su acústica.

Se trata de una investigación generada a partir del hallazgo de un fragmento de sonador de viento o “silbato de la muerte”, proveniente del antes llamado Cerro Mazatépetl, hoy Cerro del Judío, donde el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) desarrolla exploraciones del occidente de la Cuenca de México, encabezadas por el doctor Francisco Rivas.

La investigación sobre arqueología sonora, a cargo del ingeniero Roberto Velázquez Cabrera, —quien desde hace una década se dedica al estudio de artefactos sonoros—, comprendió el análisis, en 2006, del fragmento del generador de ruido hecho en barro, que se ha asociado a la muerte y con rituales del inframundo, porque presenta como decoración el rostro de una calavera que cubre el frente de su cámara de caos.

“A menudo, los estudios de las culturas antiguas observan el pasado en silencio, como si nuestros antepasados y nosotros mismos fuéramos sordos, pero no es posible imaginar ninguna de sus actividades importantes en silencio, ya que siempre utilizaban sus sonidos”.

“Los artefactos sonoros eran considerados sagrados, fueron muy usados y apreciados en todos los niveles de las sociedades antiguas, para actividades religiosas, militares y civiles”, apuntó Velázquez Cabrera.

Durante su participación como conferencista en las IV Jornadas Permanentes de Arqueología, que se desarrollan el último viernes de cada mes en el Museo del Templo Mayor, el investigador explicó que, por definición, los silbatos son instrumentos que producen un sólo sonido. Desde el punto de vista musical, se consideran los más simples, porque producen una sola nota.

“Algunos los desprecian porque los consideran juguetes, ya que así se usaban en las culturas medievales de Europa. La realidad indica que los silbatos mesoamericanos son más complejos de lo que se piensa; existían en una gran diversidad y tenían muchos otros usos”, abundó.

Diversos sonadores se mencionan en las crónicas y aparecen en la iconografía, pero de la gran mayoría se perdió su designación original durante la Conquista y la Colonia prehispánica. No obstante, entre los artefactos de viento que se han recuperado destacan los aerófonos globulares y tubulares, sencillos y múltiples, las trompetas y principalmente los generadores de ruido, que representan los objetos lapidarios antiguos que se han encontrado en mayor cantidad.

Utilizados desde el Preclásico hasta el Posclásico –400 a. C a 1300 d.C-, en diversos momentos de la vida cotidiana de las culturas prehispánicas, los sonadores o silbatos que tienen un rostro de calavera o de tecolote, se han vinculado a ceremonias mortuorias practicadas por los mexicas y mayas, aunque poco se ha estudiado hasta el momento.

A pesar de estar incompleto, el fragmento encontrado en el Mazatépetl, permitió ahondar sobre la forma en que fue construido, porque su mecanismo sonoro está intacto. “Además, todavía genera los sonidos de su función sustantiva, como en el pasado, lo que facilitó su examen formal”, destacó el investigador.

Durante su conferencia titulada “Un estudio de arqueología sonora, silbato de la muerte”; Velázquez Cabrera detalló que el caso analizado ha permitido conocer a detalle aspectos sobre la morfología, construcción y sonidos emitidos por los antiguos generadores de ruido hechos con barro.

Precisó que el mecanismo sonoro de los también llamados aerófonos de muelle, se estimula con aire inyectado por el orificio de un conducto que pasa a la cámara de caos, y de ahí a una cámara semicircular sin salida, lo que hace que el soplo regrese y choque con el que entra, generando una dinámica turbulenta compleja que produce el singular ruido.

Asimismo, mediante el uso de técnicas especiales, como las de dinámica de ondas, espectrales, acústica, fisiológico-auditivo, organológicas, constructivas, experimentales y funcionales, entre otras, se ha profundizado sobre otro tipo de usos que pudieron tener estos objetos entre las culturas prehispánicas.

“Los silbatos han sido importantes, debido a su poco peso y tamaño, su portabilidad, su alta potencia percibida y su alcance sonoro (de 300 a 500 metros); por la altura de sus sonidos, ya que la mayoría generan señales con frecuencias fundamentales dentro del rango de máxima sensibilidad humana y de varios animales como los pájaros”.

“Por ello, estos instrumentos son excelentes para aplicaciones de comunicaciones en clave o señales que pudieron haber sido usados en las actividades militares, incluso como armas”, consideró el ingeniero Velázquez Cabrera, al referir que además los silbatos pueden generar efectos especiales en el cerebro.

Indicó que con base en estudios físico-auditivos, se ha determinado que estos instrumentos prehispánicos estimulan la corteza cerebral. “Si se tocan dos silbatos de la muerte simultáneamente, se producen batimentos infrasónicos complejos que generan estados de alterados de conciencia; sicodélicos y alucinógenos”, comentó.

“Por ejemplo, un silbato grande puede generar sonidos dañinos o batimentos infrasónicos que pueden tener efectos negativos en la salud, o, en el caso contrario pueden contribuir a la salud física y mental de las personas que los perciben”,

Aseveró que el estudio sobre el funcionamiento de los artefactos sonoros prehispánicos, no debe abordarse desde el punto de vista de la música occidental, ya que estos objetos además de ser manufacturados en piedra y barro, también fueron hechos de materiales perecederos como cáscaras duras de frutos o semillas, hueso, carrizo y caracoles marinos, es decir, carecen de melodías y ritmos.

“Algunos aparecen representados en la iconografía, como en los murales de Bonampak, donde sobresalen dos trompetas que por la forma en que son sostenidas por los ejecutantes, se cree que fueron hechos de bule o guaje”, consideró.

El investigador añadió que entre la diversidad de sonadores que se han encontrado destacan los que presentan decoraciones con forma de animales, que simulan sus sonidos. “Las civilizaciones mesoamericanas tenían un contacto cercano con la naturaleza y lo representaban en sus diversas manifestaciones culturales”, concluyó.

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Instituto Nacional de Antropología e Historia. Foto:Héctor Montaño

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Instituto Nacional de Antropología e Historia. Foto:Héctor Montaño